martes, 8 de junio de 2010

Comentario a la 2a lectura del seminario reflexión docente: intro al pensar complejo

La humanidad lleva mucho mucho tiempo sin evolucionar un ápice y recientemente adquirió la ilusión de haberlo logrado por medio de la parafernalia acomodaticia y contaminante a la que llamamos tecnología, la cual no es panacea alguna.
Simplemente hemos depositado la fe ciega que teníamos en ciertas ideas ahora sobre ciertos objetos, el supuesto progreso sólo se trata de la sofisticación autodestructiva de la sobreexplotación de los recursos y consecuente agotamiento de los sistemas que endeblemente se sustentan.
Nuestro momento histórico y nuestra condición de plaga ante el resto de las especies del planeta, nos permiten afirmar un hecho difícil de soslayar ante las evidencias que observamos en el exterior y en nuestro propio ser social e individual: Nos encontramos ante un nuevo Oscurantismo...
Los feudos ya no requieren murallas, ahora son consorcios financieros muy por encima de los gobiernos y las fronteras, los sievos son llamados empleados y las relaciones laborales son yugos sujetos a la deuda perenne que constituye la creación arbitraria y desproporcionada de dinero sin productividad, bienes o reservas metálicas que lo respalden.
La ignorancia omnipresente no recide en el analfabetismo generalizado, aunque éste persista en muchos contextos tercermundistas, ahora la ignorancia es el producto del flujo desordenado y estratificado de una cantidad inacabable de información, que está disponible pero indiscernible, la cual obliga a la hiperespecialización para su manejo práctico que permita una inclusión laboral no tan mal remunerada.
Bajo esta situación el unico avance posible y real se da sujeto a la mśtica y a nuvel personal, para el caso la sicología y todas las vertientes de autoayuda derivadas del "New Age" se presentan como la opción viable ante el caos, pero pueden redundar (y lo hacen) en otra trampa de "las buenas intenciones con ruta al infierno".
Son los individuos los que logran avanzar en algo, nunca las civilizaciones, éstas sólo persiguen sus propias complejidades.
¿Cómo complejiso mi pensamiento? preguntaba Toño la sesión pasada. A mi parecer hay 3 preguntas clave para lograrlo:
1) ¿Qué hago para solucionar o evadir los problemas que surgen cotidianamente en cada aspecto de mi vida?
2) ¿Cómo acuaré diferente para obtener resultados diferentes?
3) ¿Cuál es la finalidad de cambiar y hasta qué grado hacerlo en función de los necesario y lo posible?
Éstas mismas se pueden enfocar específicamente en la docencia.
En términos de nuestra labor educativa hay una actitud y 2 disciplinas que pueden ayudar a integrar y complejisar mejor nuestro trabajo: la acerividad (capacidad de ponerce en el lugar del otro), la sicología (estudio del comportamiento para conocerse a sí mismo) y la pedagogía (estudio de la transmisión de los saberes), todos ellos pueden tener su aplicación más eficiente al momento de la tutoría.

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